lunes, 26 de enero de 2009

La sombra

Corría. Corría sin rumbo planeado pero con una velocidad angustiante. Las zancadas que él creía largas se acortaban en grado contrario al esfuerzo que realizaba. Su rostro, enrojecido y deformado grotescamente por el esfuerzo, mostraba signos de desfallecimiento.

Detrás de él, la sombra de su conciencia lo perseguía infatigable. Cada paso que había dado en su vida estaba marcado por su constante compañía. Desde el inicio de sus recuerdos la había visto seguirlo sin que le causara mayores molestias. Fue la racionalización de la luz lo que le hizo voltear al sol de la ley y descubrir su poder abrasador sobre ella. Poco a poco se fue haciendo insoportable su presencia. Con el transcurso del tiempo le fue imposible ignorarla como en tiempos pasados. Su peso crecía y crecía y no había forma de deshacerse de ella.
Al principio, dormir le causaba cierto descanso; la inconciencia del sueño le hacía olvidar el peso de su compañía. Pero conforme pasaba el tiempo, los años no parecían pasar nunca sin dejar un poco más de peso sobre ella. El sueño fue desapareciendo ahuyentado por su peso.

El alcohol entró sin mucho ruido a sustituir el papel del sueño. Le traía una inconciencia más desagradable pero funcionaba bien, hasta que, al día siguiente, su sombra, aún más pesada que antes, le asediaba en un constante martilleo que le llevaba de nueva cuenta a la embriaguez.

Cuando despertó, en completa soledad y abandono, en medio de una casa vacía de risas infantiles y voces amorosas, creyó haber tocado fondo. El temor a la soledad y la muerte lo llevó a buscar la sobriedad, que le duró unos cuantos meses. Su sombra, infatigable, oculta tras el velo de la fuerza de voluntad, apareció una noche de insomnio.

Con un gesto de burla y una actitud amenazante comenzó a arrojarle los más mínimos recuerdos de los fracasos sufridos al intentar igualar la luz solar. Fue entonces que, volteando al cielo y maldiciendo al creador de su desgracia, comenzó su huida.

Al principio fueron cortos pasos de ateísmo, uno tras otro, en sentido contrario a la luz del sol. Pero descubrió que su sombra se acrecentaba al darle la espalda y entonces lo encaró. Escudándose con sus buenas obras comenzó a avanzar hacia la luz, contento por haber perdido de vista a su atosigante compañía. No importó que el sol abrasara su piel hasta carbonizarla, todo pareció funcionar de maravilla. Recupero la salud, la compañía, el bienestar y un poco de seguridad... hasta que una voz a sus espaldas lo hizo voltear.

La sombra de su conciencia había crecido hasta convertirse en una cosa aberrante. Sus monstruosos miembros se acercaron para destrozarle y su huida se volvió estrepitosa. Nada podía para su carrera; sin importar hacia donde huyera, el monstruo iba atado a sus pies sin darle tregua. Atravezó el desierto del saber humano hundiéndose en las dunas.

Al bajar una pendiente, una enorme Roca lo hizo caer desprotegido ante su enemigo. Rodando hacia abajo sintió ligeros sus pies, descansadas sus espaldas del peso agobiante de su perseguidor, el sol dejó de quemarle y, por fin, su caída se detuvo... a la sombra de la Cruz.

P.L. 2009.

lunes, 12 de enero de 2009

La evolución

Todavía no puedo creer que cada vez hay más y más gente que cree en la teoría del Big Bang, pero así es. Cada vez son más y las escuelas apoyan esta situación tan escasamente probada, claro, porque consideran a la Biblia como un libro poco fiable.
En la Facultad vamos a empezar a estudiar literatura prehispánica y alguien me comentó que el Popol Voh y la Biblia tienen las mismas bases. A decir verdad me causó tal conmoción esta tontería venida de alguien que se dedica a analizar textos literarios que no pude menos que recordar que el pecado arruina la mente.
¡¿Cómo puede alguien comparar los dos libros?!
No hay nada en común entre ellos, la Biblia tiene una autoridad contundente, mientras que el Popol nadie lo usa para buscar respuestas a sus interrogantes.
En fin, si seguimos en esta línea podríamos llegar al punto de necesitar más fe para creer en la evolución que en la Biblia.
“La evolución molecular no tiene fundamento en la autoridad científica. [...] Hay aseveraciones de que tal evolución ocurrió, pero ni una sola de ellas cuenta con el apoyo de experimentos o cálculos pertinentes. Como nadie conoce la evolución molecular por experiencia directa, y como no hay ninguna autoridad en la cual basar las afirmaciones de conocerla, puede decirse francamente que [...] la aseveración de la evolución molecular darwiniana no es más que una fanfarronada.”[La caja negra de Darwin, el reto de la bioquímica a la evolución (Darwin's Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution)