domingo, 16 de agosto de 2009

Nueva vida

¿Quién es esa mujer del espejo?
Miras intrigada y te preguntas en dónde está esa mirada segura, vanidosa y coqueta que solías ver cada mañana. Dónde están los rizos que enmarcaban tu rostro matutino y el suspiro de placer por una buena noche de descanso.
Los colgajos que salen del pantalón son cada vez más protuberantes, los ojos parecen gritar pidiendo sueño, el cabello está ahora opaco y escaso y los bostezos han tomado el lugar de los suspiros.
No, no puedes volver a la cama a robarle al tiempo esos cinco minutos que antes tomabas tan fácilmente. En cinco minutos su llanto de hambre traspasará tu corazón de madre y te bombardearán inmisericordes los remordimientos.
Así que, te olvidas de la pasada mujer del espejo y corres a la cocina en busca de biberones y leche materna. Y, mientras él come en tu regazo, descubres que ni por un cuerpo esbelto, ni por una buena noche de descanso, cambiarías este momento en el que él toma tu pulgar en su minúscula mano y la aprieta seguro, tranquilo, confiado.

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