Hubiera querido tener una primera
y última reunión. Te diría que me encantaste
cuando hablabas de tonterías y dulces viejos.
Que tus manos llamaban a las mías con voces
gráficas e invisibles al ojo humano.
Hoy estoy de luto por la pérdida de una
relación inexistente. Y el dolor que me embarga
me hace imaginar que te amaría demasiado.
No puede haber futuro para lo que aún no ha
pasado; no hay esperanza para nosotros
en este tiempo subyugado.
Tu ignorancia de mi es mi mayor consuelo.
No puedes sufrir la pérdida como yo la sufro,
no puedes verla como yo la veo.
Hay amores, como el tuyo, que no deben saber nunca
de lo que se están perdiendo.
Ah!, lo más patético en esto, es saber
que te escribo a ti sabiendo que sólo yo me leo.
P. L. nov. 2008
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