Para aprender a escribir hay una cosa escencial que hay que hacer: escribir. Escribir una y otra vez, escribir para tí, para mí, para todos y para nadie.
Debo reconocer mi enorme desidia al respecto, aún conociendo el antiquísimo consejo. Y es que la mayor parte del tiempo me pregunto si realmente tengo un mensaje importante que aportar al mundo. Supongo que es normal querer escribir algo trascendente, algo que los demás lean y quizás recuerden y conserven. No creo que exista alguien que escriba esperando que sus palabras terminen en el bote de la basura.
Pero, aparte de este vano deseo de evitar el olvido, reconozco en mí una imperiosa necesidad de decir algo que aún no logro traducir en palabras coherentes. Es como una fuerza que lucha por salir de dentro de mi.
Así que escribiré; escribiré aunque nadie lea. Escribiré aunque ni siquiera yo me entienda. Escribiré hasta que esta necesidad descanse y me permita respirar tranquilamente.
La mayoría de mis mensajes son enormes y elaborados. Cuando escribo cartas suelo ser muy extensa y a veces retórica para dar sólo un pequeño mensaje. Nadie se ha quejado, pero recibo poquísimas respuestas, supongo que canso a mis pobres destinatarios.
Es por eso que he decidido escribir aquí. Para todos y para nadie en particular. Quizás esta sea una triste parodia del Juan Pablo Castel, de Sábato y yo sea sólo un ser humano más buscando un eco de mi voz en otra persona para tener la quimérica ilusión de no estar atravesando este valle completamente sola, incomunicada, incomprendida por otro ser humano de carne y hueso. P.L. 2008
No hay comentarios:
Publicar un comentario